Tercer Axioma de la Comunicación Humana

El tercer axioma de la comunicación humana, que se refiere a la puntuación de los eventos comunicativos, ofrece ideas fundamentales para comprender las dinámicas de las interacciones humanas. Mientras que un observador externo puede percibir una serie de comunicaciones como una secuencia continua de intercambios, aquellos que participan en la interacción traen consigo un elemento crucial: su propia “puntuación” de los eventos. Este concepto implica que, dentro de una comunicación, los participantes asignan significado y estructura a los intercambios de maneras subjetivas, influyendo así en su interpretación y respuesta.

Cuando un psicólogo estudia el proceso de estímulo y respuesta, a menudo se centra en secuencias de interacciones muy breves. En estos casos, es posible definir los elementos como “estímulos”, “respuestas” y “refuerzos”. Por ejemplo, un comportamiento (comportamiento A) se considera un estímulo cuando es seguido por una reacción de otro participante (B), y la respuesta de A a este intercambio puede ser etiquetada como una reacción. Sin embargo, esta visión reduccionista no refleja las complejas dinámicas de las interacciones humanas más largas y articuladas.

En las interacciones más extensas, cada elemento de comunicación se convierte simultáneamente en un estímulo, una respuesta y un refuerzo. Esto significa que un comportamiento A actúa como un estímulo para B y, al mismo tiempo, como respuesta a una acción previa de B. Esta interrelación hace que cada intercambio sea equivalente a una cadena de triadas: estímulo-respuesta-refuerzo, que se superponen, creando un tejido comunicativo complejo y dinámico.

Considerando estas triadas, podemos pensar en cada intercambio comunicativo como una única prueba de un experimento de aprendizaje. En los intercambios repetidos, emerge un proceso de diferenciación que influye en la relación entre los dos participantes, el “experimentador” y el “sujeto”. Sin embargo, es crucial reconocer que la definición de estos roles se construye a través de la puntuación de los eventos comunicativos, un elemento que depende de la percepción subjetiva de cada participante.

Un ejemplo evidente de esta dinámica es proporcionado por la frase de un ratón entrenado: “He entrenado a mi experimentador; cada vez que aprieto la palanca, me da de comer”. En este contexto, el ratón ignora la puntuación impuesta por el “experimentador” y redefine el rol de la interacción. Del mismo modo, en las relaciones humanas, las personas tienden a puntuar los intercambios de maneras que crean percepciones de iniciativa y dependencia entre los participantes. Esta puntuación subjetiva establece patrones de interacción por los cuales se puede llegar a un acuerdo o no, influyendo de manera significativa en la relación y la comunicación en curso.

Los modelos de interacción que emergen en las comunicaciones humanas se configuran como verdaderas reglas de intercambio de refuerzo. Estas reglas no son universalmente buenas o malas; más bien, funcionan como guías organizativas que estructuran los comportamientos y facilitan las interacciones entre las personas. La puntuación de los eventos conductuales se convierte, por tanto, en un elemento crucial para la calidad y la eficacia de las relaciones en curso, dado que determina cómo cada participante interpreta y responde a los intercambios.

La cultura juega un papel significativo en la determinación de las convenciones de puntuación. A nivel sociocultural, compartimos normas comunes que nos ayudan a interpretar las interacciones. Por ejemplo, en un grupo, podríamos identificar a un individuo como “líder” en función de ciertos comportamientos, mientras que otros miembros pueden ser etiquetados como “seguidores”. Sin embargo, al reflexionar sobre esta dinámica, surge una cuestión compleja: ¿quién de ellos es el primero en establecer esta jerarquía? La posición de líder o seguidor depende intrínsecamente de las acciones recíprocas y de cómo cada uno puntúa la secuencia de intercambios.

Esto plantea interrogantes sobre la dinamicidad e interdependencia de las relaciones humanas. Es difícil aislar un solo comportamiento o actitud como causa inicial, porque cada interacción está influenciada por las respuestas mutuas. Aunque una persona puede comenzar a guiar un grupo con ciertas características de liderazgo, la presencia y la actitud de los seguidores pueden, a su vez, moldear y definir el comportamiento del líder mismo. En este sentido, la posición de un individuo en una interacción no es estática, sino que está en constante evolución, manipulada por la puntuación compartida.

Además, la puntuación otorga sentido y estructura incluso a eventos que podrían parecer confusos o ambiguos. Gracias a convenciones sociales y culturales, los individuos logran organizar y dar significado a los intercambios, lo cual es esencial para la cohesión social y el funcionamiento de los grupos. Sin estas convenciones, la comunicación podría derivar en malentendidos y conflictos.

El tercer axioma de la comunicación humana pone de relieve la importancia de la puntuación en el modelado de las interacciones y en la definición de los roles dentro de las relaciones. Reconocer cómo cada participante atribuye significados y estructura a los intercambios ofrece una clave fundamental para comprender las dinámicas relacionales y mejorar las modalidades de interacción, promoviendo una conciencia que pueda llevar a una comunicación más efectiva y armoniosa. Este proceso de aprendizaje y adaptación recíproca es esencial para el crecimiento individual y colectivo en nuestras relaciones, tanto personales como profesionales.

Tutto gratuito, niente spam!

Unisciti a 50 altri iscritti