En cibernética, la retroalimentación se refiere al proceso mediante el cual un organismo modifica su comportamiento después de recibir información sobre el sistema. Este principio es fundamental en el estudio de los sistemas dinámicos, donde la retroalimentación puede ser positiva – amplificando una respuesta del sistema – o negativa – atenuando una respuesta del sistema. La respuesta del sistema después de un comportamiento, a su vez, constituye retroalimentación para el organismo. Para un organismo, observar la retroalimentación del sistema de sus propias acciones conduce a un aprendizaje superior en comparación con un aprendizaje nulo.
En el contexto de la psicoterapia, la retroalimentación se traduce en la forma en que un terapeuta, a través de su comportamiento en respuesta a la retroalimentación del cliente, puede ayudarlo a reconocer patrones disfuncionales o a reflexionar sobre sus propios comportamientos. Por ejemplo, el silencio puede ser una retroalimentación negativa, mientras que la retroalimentación positiva puede reforzar los resultados y progresos positivos.
En la terapia familiar, el proceso de retroalimentación es crucial para comprender las dinámicas relacionales dentro del sistema familiar. Cada miembro de la familia proporciona señales sobre sus sentimientos y comportamientos, creando un ciclo de interacciones que influyen en el funcionamiento del grupo. A través de la observación y el análisis de la retroalimentación, el terapeuta ayuda a la familia a identificar los patrones disfuncionales y a explorar nuevas formas de comunicarse. Cada cambio realizado por un miembro de la familia genera retroalimentación en los demás. Por esta razón, los psicoterapeutas sistémicos recomiendan la terapia familiar si un individuo vive en contacto cercano con sus familiares – por ejemplo, convivencia o relaciones simbióticas. Por lo tanto, integrar la retroalimentación en el proceso terapéutico es a menudo crucial para promover y facilitar cambios significativos dentro de la familia.