Colusión en Psicología

Coludirse en psicología significa compartir la simbolización afectiva de un contexto por parte de aquellos que participan en ese contexto. La colusión es el proceso a través del cual las emociones se socializan en relación con las experiencias compartidas. Sin ella, la participación social sería caótica y, de hecho, imposible. En este sentido, la colusión actúa como un intermediario emocional, fundando y organizando las relaciones sociales.

Coludirse significa compartir emocionalmente las reglas de un contexto específico. Esta forma de interacción es predominantemente tácita, lo que dificulta la metacomunicación sobre las dinámicas relacionales que experimentamos, a menudo llevando a dinámicas disfuncionales.

Un ejemplo de colusión se puede observar entre los empleados de una empresa, donde las normas de obediencia influyen en el comportamiento; por ejemplo, las personas reaccionan de manera diferente al comunicarse con un superior en comparación con cuando hablan con un colega.

Del mismo modo, los amigos coluden cuando, dentro de un grupo, un individuo marginado es tratado de manera diferente. Incluso dentro de una familia, los roles colusivos son evidentes: por ejemplo, el padre puede establecer las reglas de convivencia, mientras que el adolescente puede desafiarlas.

Cuando la colusión genera sufrimiento, puede manifestarse a través del acting out, es decir, un intento de “evacuar” emociones dentro de la relación afectada. Cada relación social, incluida aquella que define un contexto psicológico, se basa en la colusión.

En el contexto del análisis de la demanda en psicología, la tarea del psicólogo no es tanto evitar la colusión, sino más bien no coludirse con simbolizaciones afectivas específicas relacionadas con la relación con el cliente. Actuar sin un análisis adecuado de la demanda implica para el psicólogo una acción desprovista de reflexión sobre las fantasías colusivas tanto del cliente como del profesional.

Dicha análisis representa la construcción del encargo, que es lo opuesto a coludirse con alguien que desea, por ejemplo, que el psicólogo se concentre solo en el paciente designado o en el problema tal como se presenta inicialmente. Es fundamental ayudar a la persona que plantea la demanda a tomar conciencia sobre la naturaleza de esa demanda, evitando que el psicólogo actúe también en base a fantasías colusivas.

“El no coludirse” de hecho revela cuestiones subyacentes, a menudo ocultas detrás de pretextos como “no sé qué hacer, dígamelo usted” o “tengo un problema de ansiedad, cúreme”, que obstaculizan una exploración real del problema.

Para no coludirse, es esencial que el profesional desarrolle una profunda conciencia sobre sus propias reacciones emocionales y comportamentales en diversos contextos. La autorreflexión se revela como una herramienta fundamental, evitando, por ejemplo, la tendencia a complacer al cliente o, peor aún, a satisfacer su propio ego salvador, para así prevenir la espiral disfuncional de una colusión autosostenida.

Tutto gratuito, niente spam!

Unisciti a 50 altri iscritti